Capítulo sesenta y uno. El pasado no tiene que interrumpirnos si no lo dejamos entrar.
La mañana comenzó con risas y olor a waffles. Nicole cocinaba con Millie subida a un banco, mientras Kyan revolvía el café, observando a las dos mujeres de su vida como si no pudiera creerse del todo que ese fuera su mundo ahora.
—¡Papá! ¡Quiero waffles en forma de corazón! —gritó Millie, con harina en la nariz.
—Eso suena como un desafío de arquitectura —respondió él, fingiendo preocupación—. Pero me gustan