Capítulo sesenta. Un futuro por fin.
La ciudad los recibió con un cielo gris y tráfico lento. Desde la ventana del auto, Millie miraba los edificios altos como si fueran montañas lejanas. Había dormido casi todo el camino de regreso, y aún tenía marcas de la siesta en las mejillas. Nicole, sentada junto a ella, le acariciaba el cabello con suavidad.
Kyan, al volante, observaba el semáforo en rojo con una expresión difícil de descifrar.
—¿Estás bien? —preguntó Nicole, rompiendo el silencio.
Él a