Capítulo veinticinco. El primer beso.
Nicole observaba a Millie desde la puerta entreabierta de su habitación. Dormía profundamente, abrazada a su oso de peluche, con una pequeña sonrisa dibujada en el rostro. Era increíble cómo, a pesar de los cambios, su hija se adaptaba con una entereza que a ella misma le costaba mantener.
Cerró la puerta con suavidad y regresó al salón. La noche era silenciosa en el departamento de Kyan. La ciudad se oía a lo lejos como un eco lejano, mientras las luces de