Capítulo veintiséis. Quiero el pasado enterrado.
La mañana en el departamento de Kyan Byron transcurría en silencio, como si las paredes mismas intentaran digerir lo que había sucedido la noche anterior.
Nicole despertó mucho antes de que el sol saliera. Se quedó inmóvil, con la respiración contenida, repasando en su mente una y otra vez aquel beso que no debió suceder. El roce de los labios de Kyan seguía impregnado en su piel como una quemadura dulce y peligrosa. No podía dejar de pensar en