La humedad del sótano se impregnaba en la piel como una segunda capa desagradable. Fabien descendió los escalones de piedra detrás de Renzo y Marco mientras el eco de sus pasos se mezclaba con los gemidos apagados que provenían del fondo de los calabozos.
El lugar estaba oculto bajo una de las construcciones laterales de la villa, lejos de la casa principal y todavía más lejos de los ojos curiosos. Allí abajo no existía el lujo de los Cappellari, ni la elegancia refinada de las cenas familiar