Capítulo 91.
NARRADOR.
El fuego comenzó con el puro de Santiago cayendo sobre los documentos impregnados con licor. Se disperso por el despacho en segundos, primero fueron las cortinas, luego la madera del ventanal; el humo subió como un animal. Santiago las miró sin moverse, con la copa todavía en la mano, como si ese brillo anaranjado fuera un viejo amigo confirmando su poder. No imaginó que la verdad estaba ahí, sobre la mesa, en papeles que olían a ceniza y traición.
La puerta del despacho crujió cuando