Capítulo 101 — El cerco.
El amanecer apenas tocaba los ventanales del santuario cuando Camil entró. Tenía la misma ropa del día anterior, ojeras marcadas y el rostro tenso. Nicolás estaba sentado frente a las pantallas, con un cigarrillo en una mano y un café frío en la otra.
Habían pasado la noche revisando movimientos, rastreando cuentas, teléfonos, mensajes, esperando una señal que los acercara a Javier. No la habían tenido, pero esa mañana algo había cambiado.
—Encendé el canal siete —dijo Camil mientras dejaba su