La mañana después del ataque psicológico no amaneció tranquila.
La casa se sentía rara, casi tensa, como si las paredes entendieran que algo estaba a punto de romperse. Julian había pasado la mayor parte de la noche despierto, acunando a Damian y revisando el perímetro de la casa sin hacer ruido para no despertar a Kira. Pero el verdadero peso del día recién empezaba: Marcus lo había llamado a las siete de la mañana, con esa voz grave y controlada que solo usaba cuando la situación era demasiad