El consultorio olía a desinfectante suave y café viejo. Esa combinación típica de los hospitales privados donde todo parece controlado, pero ninguna de las personas que entra lo está realmente. Kira estaba sentada en la camilla, con la bata azul clara abrochada a medias sobre el vientre redondeado, los pies colgando, una mano sobre el tejido delgado, la otra apretada alrededor del borde del colchón acolchado. No temblaba por fuera, pero por dentro sentía como si todo su cuerpo vibrara a un ritm