Kira cerró los ojos.
No era la misma sensación que la primera vez con Damian.
Había más cansancio, más conciencia del riesgo, pero también más experiencia, más confianza.
El amor no la golpeó como un rayo.
La envolvió como una manta caliente.
Julian miraba la escena como si le estuvieran enseñando el significado de la palabra “milagro” en vivo. Se acercó por detrás de Kira, la abrazó con cuidado, apoyó la frente en su sien.
—Gracias —susurró—. Por traerla. Por quedarte. Por no soltarme cuando y