La noche cayó sobre la casa con una suavidad engañosa.
El mundo afuera seguía en movimiento, peligros y sombras todavía reptaban en las esquinas invisibles, pero dentro de esas paredes el silencio parecía un animal grande que respiraba lento, contenido, observando desde la penumbra. Después de la conversación con Marcus, después de las fotos, después de escuchar el nombre que nadie esperaba, cada rincón de la casa parecía más real, más pesado, más cargado de recuerdos antiguos mezclados con miedos nuevos. Kira había logrado dormir a Damian con dificultad, meciéndolo durante más de veinte minutos hasta que él, completamente ajeno a lo que estaba ocurriendo, cedió al sueño con la inocencia intacta de quienes aún no conocen el peligro. Luka se había quedado dormida en el cuarto de huéspedes, agotada por un día largo y el regreso emocional a un hogar que, aunque no era propio, comenzaba a sentirse seguro.
Ahora solo quedaban ellos dos.
Kira cerró la puerta del cuarto del bebé con un movim