Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl benefactor vivía en un apartamento que no parecía un hogar.
Era un mausoleo silencioso.
Vidrios tintados, paredes desnudas, muebles de diseño tan caros que parecían imposibles de tocar. No había fotos, ni recuerdos, ni detalles personales. Solo poder, frialdad, y una sensación de vacío insondable. Como si la casa entera fuera un campo minado emocional, y cualquier paso pudiera activar algo que nadie quería ver explotar.
Seth estuvo allí desde las nueve de la mañana.
Las nueve, las diez, las once.
Para el mediodía ya caminaba en círculos, incapaz de quedarse quieto. El benefactor aún no lo recibía. Un hombre como él siempre llegaba cuando quer







