El día en que todo empezó a aclararse no tuvo fuegos artificiales ni sirenas dramáticas. Empezó con algo tan simple como una taza de café mal hecho en la cocina de la casa nueva.
Julian estaba apoyado en la barra, con la camisa remangada y el cabello todavía húmedo de la ducha. La cafetera goteaba con pereza. En la sala, Damian balbuceaba delante de un peluche, decidido a comérselo a mordidas de encía. Luka dibujaba planetas en una hoja, recostado en la alfombra. Kira, con una mano en la espald