La sala de juntas del hospital olía a café recién hecho y a papel. Habían apagado las luces del techo y dejado solo una lámpara de mesa encendida, como si la penumbra ayudara a pensar. Sobre la mesa, un portátil abierto, varios borradores impresos con tachones, y un micrófono portátil que Amhed había conseguido del equipo de comunicaciones del auditorio. Leo revisaba, una vez más, un guion de tres páginas. Julian caminaba de un extremo a otro con las manos en los bolsillos, cada vuelta un inten