ALESSANDRO RIZZO
Me despierto temprano con intenciones de salir a dar un paseo con Valeria. Sentía rabia con ella, pero ya llevaba varios días sin salir, y su extrema delgadez me preocupaba. A pesar de su traición, sigo preocupándome por ella. Además, sigue siendo mi esposa.
Bajo las escaleras directo a su habitación, pero al abrir la puerta, el corazón me comienza a latir con fuerza. En la cama no había nadie. Corro hacia el clóset y faltaban algunas prendas.
—¡Mierda!
Salgo corriendo en busca