VALERIA RIZZO
Me despierto con un dolor punzante en la cabeza. No pegué un ojo en toda la noche... ¿cómo podría, escuchando los asquerosos gemidos de esa mujer? Tenía mil pensamientos atormentándome, pero uno brillaba con furia: matar a Alessandro.
Me levanto, decido darme un baño. Necesito salir de esta habitación antes de perder la cordura. No me importa si me regañan. Estoy al límite.
—Buenos días —escucho la voz de Lucas mientras sostiene una taza de café—. ¿Quieres?
—Gracias —respondo con