VALERIA
Dolor. Eso era lo único que podía sentir. Cada fibra de mi cuerpo ardía como si hubiera sido partida en mil pedazos. No podía moverme. Novikov me había dado la golpiza de mi vida... una que casi me mata.
Estaba tirada en el suelo, inmóvil, mientras lo observaba desde mi rincón. Se ahogaba en alcohol, tambaleándose hasta caer desplomado en el sofá, completamente borracho. Sobre la mesa, vi su teléfono. Con el poco aliento que me quedaba, me arrastré hacia él, sollozando cuando un dolor p