VALERIA RIZZO
Tenía un fuerte dolor en el rostro y un sabor metálico en la boca. Los infelices me habían dado un golpe.
—Bájate —ordenaron.
Llegamos a una casa enorme. Debía tener tres pisos. Al mirar a mi alrededor, solo había árboles; no había señales de más personas.
Me quedé fría al ver a Novikov parado en la entrada con una sonrisa en el rostro, pero su expresión cambió al verme. Se acercó con rapidez y me tomó del rostro justo donde me habían pegado.
—¿¡QUIÉN CARAJOS LE PEGÓ!? —Su grito f