VALERIA RIZZO
No... no. Esto tiene que ser una pesadilla. Mi pase estaba tirado en el suelo, con dos tiros en el pecho.
—¡No! —corro hacia donde está mi padre, pero Alessandro me sujeta—. ¡Suéltame!
—Tenemos que irnos o nos matarán.
—¡Es mi padre! —intento zafarme, pero no me deja. Todo se vuelve un caos. Los disparos comienzan a sonar y, a lo lejos, veo a Novikov con el arma que le disparó a mi padre—. ¡¡MALDITO INFELIZ!!
Le doy un golpe en la entrepierna a Alessandro, quien se dobla del dolor