ALESSANDRO RIZZO
—Fue rápido, pero sustancioso —me acomodó el pantalón mientras ella se acomodaba el vestido.
—Bastante —dice, regalándome una sonrisa cómplice.
Salimos de la habitación y, al parecer, Lucas nos estaba esperando.
—Espero que haya valido la pena el polvo —mira a Valeria y esta se pone colorada—. Samuel nos está esperando.
—Cariño, necesito que te quedes con Carmelo —era otro hombre de confianza, y ese sí daba miedo.
—Creo que no le caigo bien —susurra ella, mirándolo con miedo.
—