Mierda, no dormí nada. Me dolía el cuerpo y sentía mi parte íntima irritada. Alessandro se tomó muy en serio cuando le dije que me hiciera suya toda la noche. Intento incorporarme, pero definitivamente me duele todo.
—Buenos días, perezosa —Alessandro aparece radiante, con un buzo y jeans que le quedan a la medida. Lleva una bandeja con comida—. ¿Estás bien? —pregunta al ver mi cara.
—Te tomaste muy en serio lo de hacer el amor toda la noche. Me duele el cuerpo entero —él se ríe.
—No te quejabas mientras lo hacíamos —me ayuda a sentarme y deja un beso en mi hombro desnudo.
—No se te ocurra tocarme más... dame un respiro, por Dios.
—Vamos, nena. Desayuna y báñate, que quiero llevarte a un lugar. Además, acuérdate que esta noche tenemos esa reunión —la reunión... me sentía nerviosa, no quería que nada malo pasara.
—No sé qué ponerme para esa reunión.
—Yo sí sé —saca del armario un hermoso vestido rojo.
—Está hermoso...
—El rojo representa la pasión, pero también el poder y el empoderami