BIANCA
El silencio en la mansión Moretti era opresivo. Bianca observaba desde la ventana de su despacho cómo la lluvia golpeaba con furia los cristales, creando un ritmo irregular que parecía acompañar los latidos acelerados de su corazón. Habían pasado tres días desde el ataque en el restaurante, y la herida en su hombro, aunque superficial, le recordaba constantemente su vulnerabilidad.
La mansión se había convertido en una fortaleza. Había duplicado la seguridad, restringido las visitas y li