Caterina se quita los zapatos y desciende las escaleras sin prestar atención a lo que ocurre a su alrededor o al paisaje que la rodea. Anochece y pareciera que el mar respira con calma y las sombras del día se alargan entre las rocas.
La cala, como esperaba, está sola y ella no puede dejar de caminar en círculos, descalza, arrastrando la arena húmeda entre los dedos de los pies. El ruido del agua, al chocar contra la arena, logra calmar las aceleradas palpitaciones de su coraz