El tiempo desaparece. No hay pasado ni futuro, solo el instante suspendido en el que dos almas rotas se encuentran por fin.
Rocco arquea su espalda, dobla una rodilla y lleva su mano hasta el cuello de Caterina, presiona con fuerza, empujando con potencia, mientras clava su otra mano contra su cadera. Su mirada se concentra en los gestos de Caterina mientras se aproxima al orgasmo.
Escucha sus gemidos, golpea una y otra vez, cada vez más fuerte, más po