Capítulo quince: Ardiendo en fiebre II
No obtiene respuesta y, al observarla, comprueba que Caterina se ha quedado dormida. La mira durante algunos minutos con el ceño fruncido, respira con más calma. No la despierta. Solo la observa desde la sombra, como un guardián antiguo.

Enseguida vuelve al lugar en el que ha estado recostado toda la noche, cierra sus ojos agotados y se queda dormido.

Caterina abre los ojos y respira el aire del mar, observa con curiosidad los tímidos rayos de sol que se filtran a través
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