Se siente mucho más incómoda ahora, porque Rocco solo dijo su nombre, como si fuese una amiga o alguien sin importancia, o eso es lo que ella cree. No conoce los códigos y piensa que él solo quiere avergonzarla.
—Háblame de los norteamericanos. — Rocco toma de la mano a Caterina y se sienta en un sofá lateral. Ella se sienta junto a él que continúa sin mirarla, con la mandíbula tensa y los ojos fijos en la pista, o tal vez en la nada.
—Por supuesto, los norteamericanos. N