Caterina, aturdida por lo que acaba de suceder en el piso de abajo del edificio, se mueve como un autómata, las luces estroboscópicas de la discoteca se mezclan con una neblina baja de humo artificial que empieza a angustiarla; el ritmo de la música electrónica elegante, pero potente hace vibrar el suelo de mármol oscuro.
Su mirada se centra en las mujeres vestidas con ropa de diseñador, el maquillaje, el brillo y las joyas; los hombres con relojes que valen más que un coche, y conve