—Lo siento, Mancini, pero esta vez no podrá ser. No tengo ninguna alianza con hombres de tu familia — la ironía en su voz es patente.
—Tercera opción: te cobro lo que es mi derecho. La sangre de mis hombres, el haberte dignado a crear un plan en mi contra y hacerme un atentado, poniendo la vida de mi mujer en peligro.
—Mancini, nunca pensé que caerías tan bajo por una mujer. Te equivocaste, lo perderás todo y volverás a los brazos de tu amada llorando.
Un músc