Don Antonio, que continúa sentado, lleno de confianza. Observa con rapidez la venda en la mano izquierda de Rocco y sonríe.
—¿Ahora hablas por tu patrón, Salvatore? —Antonio extiende sus brazos sobre el respaldar del sofá. —Es verdad que don Rocco ha olvidado los códigos de honor que rigen la ’Ndrangheta, no es extraño que ahora se olvide de saludar o ¿vienes a brindar con nosotros, Rocco? En ese caso, te perdonoel desaire.
Antonio levanta su vaso, brinda de manera silenciosa y luego lleva la co