En el salón, el ambiente sigue tenso. Rocco no explicó nada más, solo confirmó lo que acaba de acotar don Vibo Spirli, que no lo apreciaba tanto como don Alfredo, que bebe lentamente de su trago de cristal.
Y mientras cada capo reflexionaba sobre el asunto y la posición que debe adoptar, los sorprende el estallido de una ráfaga y en el exterior se desata el infierno.
—¡Todos al suelo! ¡Nos están atacando! — Salvatore entra corriendo y se lanza contra Rocco.
Los cristales de las pequeñas ventana