KELYRA
El castillo había cambiado.
Las paredes, antes frías y pulidas como vidrio antiguo, ahora parecían respirar oscuridad. Una niebla sin forma se arrastraba por los corredores, cargada de un eco que no pertenecía a este tiempo. Era como si la piedra llevara impresa una rabia antigua. Como si el lugar entero hubiese sentido algo... romperse.
Y yo también lo sentía.
Una presión invisible me apretaba el pecho. No era miedo. Era ese tipo de presentimiento que te despierta en medio de la noche,