KELYRA
Las puertas prohibidas no estaban cerradas con llave.
Eso fue lo primero que pensé cuando, en mitad de la noche, encontré aquel pasillo lateral sin guardias, sin fuego mágico, sin advertencias escritas en sangre. Solo piedra antigua, aire helado y un silencio tan espeso que dolía respirarlo. Como si el castillo me estuviera dando permiso. O desafiándome.
Había dicho que me marcharía. Que huiría. Y lo intentaría.
Caminé con paso sigiloso, envuelta en una capa que robé del guardarropa de L