El pasillo se tragó la poca luz que quedaba. Era como si la casa hubiera inhalado profundamente, preparándose para algo inevitable. Nerea sintió que cada paso resonaba demasiado fuerte, demasiado humano, en un lugar que ya no parecía pertenecerle a los vivos.
María caminaba delante de ella con la calma inquietante de quien ya había hecho ese recorrido antes. No levantaba los pies: deslizaba los pasos. Como si la casa supiera quién era y la dejara pasar.
Elías seguía atrás, contra su voluntad, c