Tres semanas después, nadie hablaba ya del antiguo consejo como si fuera el centro del mundo.
No porque hubiera sido olvidado.
Sino porque había dejado de ser necesario nombrarlo.
Las decisiones continuaban.
Los acuerdos surgían.
Las disputas se resolvían.
Y la ciudad seguía creciendo.
Risa caminaba por una calle del distrito central sin escolta, sin protocolo, sin que nadie se apartara de su camino. Algunos la reconocían. Otros no. Y a ella le parecía correcto.
Un panadero la saludó con un ges