Valentina
El sonido del viento golpeando contra los ventanales me despertó antes de que el sol siquiera se asomara del todo. Me senté en la cama con las sábanas enredadas entre las piernas, aún con el corazón agitado, como si hubiese soñado con algo que no lograba recordar. O quizá sí lo recordaba... porque esa sensación, ese nudo en el pecho, tenía nombre y apellido: Dante Romano.
La noche anterior aún flotaba en mi mente como una niebla espesa que no terminaba de disiparse. Él en la puerta de