VALENTINA
Desde que dejé atrás la mansión Morelli, creí que el silencio era mi salvación. Que el eco de los disparos, las amenazas susurradas tras las puertas cerradas y las decisiones manchadas de sangre, quedarían atrás con el tiempo. Que un nuevo código postal bastaría para reescribir mi historia. Pero estaba equivocada. Y lo supe esta mañana, en el instante exacto en el que encontré ese sobre sin remitente, con mi nombre escrito en una caligrafía que no necesitaba firma.
Valentina Morelli.