El aire estaba demasiado frío para ser primavera, y aún así, algo más gélido que la brisa me recorría la espalda cuando lo vi salir de entre los árboles. Sus ojos, esos mismos que creía enterrados en el fondo de mi memoria, brillaban con la arrogancia de quien sabe que tiene el poder para destruirte con una sola palabra. Él. El hombre que creía muerto. El hombre que se había llevado mi pasado y parte de mí con él.
Mi corazón se aceleró, no por miedo, sino por una mezcla de ira y algo más oscuro,