La manada no era solo una familia, no solo un grupo que se cuidaba mutuamente. Era mucho más que eso. Era poder. Era territorio. Y yo... yo era la intrusa que había llegado a desafiar esa jerarquía. Si pensaba que mi atracción por Kael era simplemente una cuestión de deseo, me estaba engañando. No era solo eso. Era algo mucho más complicado. Él no solo me deseaba. Él me reclamaba. Y, de alguna forma, eso me aterraba y me excitaba al mismo tiempo.
Había algo en su forma de mirar que me decía que