Pov Catalina
Cuando desperté, el mundo era solo dolor y oscuridad. Las cuerdas me cortaban las muñecas y los tobillos con cada movimiento mínimo, como si mi propio cuerpo quisiera castigarme por seguir viva. El olor a moho y tierra húmeda me llenaba la boca, y el frío del sótano se me metía bajo la piel. Intenté moverme, pero la silla crujió bajo mi peso y las ataduras solo se apretaron más. No había escapatoria. No todavía.
No recordaba bien cómo había llegado aquí, solo flashes: Sophie y yo empacando rápido, el grito de Blanca, ella siendo atacada por dos hombres... El pánico me invadió: ¿Dónde estaba mi niña ? ¿Habría corrido? ¿Estaría ahora en la calle, sola, buscando ayuda? ¿O la habrían encontrado después? La incertidumbre era peor que cualquier golpe. Me la imaginaba corriendo, aterrorizada, llorando a más no poder.
¿En compañía de quién estaría? ¿Algún vecino? ¿La policía? ¿Un desconocido que la recogiera por piedad… o por algo peor? Cada posibilidad era un martirio distinto