Habían pasado tres años desde aquellas noches de bodas que marcaron el inicio de sus nuevas vidas. Tres años donde el sol no siempre brilló, pero el amor sirvió de paraguas en cada tormenta. En el penthouse del centro, la vida había dado un giro de ciento ochenta grados. Ya no era solo el refugio de dos enamorados; ahora, el eco de unos pasitos rápidos y risas infantiles llenaba cada rincón.
Sophie se miraba al espejo del hospital, acomodándose la bata blanca que llevaba bordado su nombre y la e