Arriba, en la sala, Dominic seguía mirando a Catalina con esa sonrisa que prometía más dolor.
—No la van a encontrar —susurró ella, casi para sí misma, pero lo suficientemente alto como para que él la oyera.
La sonrisa de Dominic vaciló por primera vez.
—¿Qué dijiste?
Catalina alzó la mirada, le dedicó una sonrisa lenta y peligrosa.
—Que no la van a encontrar. Y créeme, no sé cómo lo haré, pero pagarás por todo esto… —su voz se endureció—. Me convertiré en el peor de tus abismos. Te destruiré t