Mundo ficciónIniciar sesiónLos dioses no exigen solo sangre: exigen decisiones que rompen almas.
La fortaleza de Erebus olía a muerte y magia antigua. El aire vibraba con una energía que hacía que cada respiración doliera, como inhalar cristales rotos. Habíamos luchado durante lo que parecían horas, atravesando corredores de piedra negra que sangraban sombras, enfrentando criaturas que no deberían existir. Sesenta guerreros habían entrado. Cuarenta y siete aún permanecían de pie.
Y ahora estábamos aquí, en el corazón de todo.
La cámara ritual era circular, tan vasta que las paredes desaparecían en la oscuridad. En el centro, sobre un altar de obsidiana que palpitaba con luz roja, yacía Kael. Tubos de cristal oscuro perforaban su piel, drenando su sangre hacia canales tallados en la piedra. Su rostro estaba pálido como la muerte, pero sus ojos—esos ojos que hab&iacut







