Una nueva alborada en luna eterna se colaba por las ventanas del castillo, inundando los pasillos con una luz dorada y gélida. En la terraza principal, los estandartes del reino se agitan con el viento helado. Algunos de los alfas invitados que todavía estaban en luna eterna se disponían a despedirse del rey y la reina. No sin antes reafirmar su alianza con el norte.
Aria miraba los jardines, donde todavía quedaban gotas de rocío en los lirios plateados. Su vestido estaba cubierto por un a