El viento sopló con más fuerza, arrastrando consigo el aroma a tierra húmeda y a algo más; un olor amargo y tenebroso que irritaba la nariz y se quedaba en la garganta. Aria permaneció de pie en la ventana de su cuarto, observando la nube oscura que se lanzaba sobre Luna Eterna como un ave rapaz con alas interminables.La luna llena continuaba resplandeciendo, aunque su luz parecía opaca, como si la negrura tratara de consumirla a ella también; las estrellas ya no se veían en absoluto tras aque