El viento sopló con más fuerza, arrastrando consigo el aroma a tierra húmeda y a algo más; un olor amargo y tenebroso que irritaba la nariz y se quedaba en la garganta. Aria permaneció de pie en la ventana de su cuarto, observando la nube oscura que se lanzaba sobre Luna Eterna como un ave rapaz con alas interminables.La luna llena continuaba resplandeciendo, aunque su luz parecía opaca, como si la negrura tratara de consumirla a ella también; las estrellas ya no se veían en absoluto tras aquel bulto negro. Sintió el rugido de Nyra en su mente, un sonido profundo y repleto de determinación; a la vez, la energía dorada en su cuerpo empezó a vibrar, dispuesta para liberarse, como una llama que se alista para arder con todo su poder.
—Aria.
Desde la puerta, escuchó la voz de su padre: serena y grave. Portaba el rey Ardean su armadura blanca, incrustada con plata y la espada dorada de acero que había utilizado su abuelo en la batalla final. Tenía una expresión seria, pero en sus ojo