Cinco años habían pasado desde el nacimiento de Solana, la princesa era ahora una niña valiente y alegre con el cabello oscuro que le llegaba hasta la cintura y los ojos de un azul semejante al cielo despejado en primavera. Su poder de guardiana se había incrementado con su crecimiento, al igual que una planta absorbe la luz solar: cuando recorría los campos de Luna Eterna, las flores resplandecían con luz dorada; si un niño se hería mientras jugaba, su delicado roce sanaba en segundos cualqui