Luna Eterna resplandecía con una vida que no había tenido jamás, cinco meses después de la lucha contra la Oscuridad Primegia. Las calles de piedra blanca estaban repletas de personas trabajando y riendo: hombres levantando casas nuevas, mujeres que vendían pan fresco en los mercados, niños que jugaban con pelotas de lana entre los árboles de roble que habían reverdecido vigorosamente.
Los campos alrededor de la ciudad estaban repletos de cosechas copiosas: cebada roja, trigo amarillo, vegetal