Luna Eterna había sentido un peso raro durante las semanas. A pesar de que había un silencio inquietante, nadie se atrevía a relajarse. La amenaza seguía latente, acechando desde algún lugar donde el aire se tornaba más denso y la luna parecía desvanecerse. El castillo completo se movía como si fuera un engranaje: estable, vigilante, listo para la guerra que estallaría eventualmente.
El entrenamiento se había vuelto una costumbre cotidiana. En el patio central, donde la nieve recién caída brill