—¿Qué parte?
Silvain no se movió de la entrada.
Emilia seguía con media rebanada de pan en la mano, como si hubiera decidido que podía comer y dictar sentencias al mismo tiempo. Teresa estaba detrás de ella, con esa mirada nueva de madre que todavía no entendía cómo abrazar sin apretar demasiado. Céline observaba desde una silla, agotada, pero con los ojos encendidos. Matías permanecía al fondo del pasillo con una quietud incómoda, demasiado atento a Aryanna para fingir indiferencia.
Aryanna sin