—Silvain.
El nombre no cayó.
Se quedó flotando.
Aryanna sintió que el cuarto de arriba se estrechaba alrededor de esa palabra. La bodega vieja, la pared mal pintada, el zócalo abierto, el cuaderno azul sobre las piernas de Emilia. Todo parecía demasiado pequeño para contener otro pedazo de pasado.
Teresa no respiraba.
Céline estaba junto a la puerta, con una mano apoyada en el marco, sin sarcasmo, sin defensa, sin filo.
Inés seguía grabando con el teléfono, pero la mano le temblaba.
Paula habló