—Porque esta vez, si Silvain Beaumont vuelve a estar del otro lado de una puerta mía, no va a decidir él cuándo se abre.
Aryanna no durmió después de eso.
Emilia sí.
O fingió hacerlo con bastante talento.
Se quedó acostada de lado, con la manta hasta el mentón, una mano sobre la taza de gato vacía y la respiración irregular de alguien que pelea con los sueños incluso cuando logra cerrar los ojos. Aryanna permaneció despierta junto a ella, mirando el techo, con la frase todavía clavada en la habi